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MISIONES: UNA ESCAPADA A LAS RUINAS JESUITICAS |
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Las
maravaillas del pasado siguen conservando sus encantos.
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Desperdigadas
por diferentes regiones de la provincia, las ruinas
conforman un circuito turístico más que
atractivo para disfrutar del feriado de cinco días
que propone la celebración de Semana Santa.
Por
Luis Rodriguez
Visitar
Misiones no es sólo conocer las Cataratas o el
Parque Iguazú. También vale la pena conocer,
especialmente en Semana Santa, San Ignacio Miní,
ciudad donde se encuentran las misiones que construyeron
los jesuitas a principios del siglo XVII. Son las más
espectaculares de la región y las únicas
que fueron sometidas a trabajos de restauración.
Hay que conocerlas para admirar lo que pudo lograr el
único intento de colonización indígena
que no se hizo en base a sangre y fuego.
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Las
ruinas
Todo
el significado de las construcciones levantadas por
los misioneros católicos de la Compañía
de Jesús- los jesuitas- sigue vigente en las
ruinas que quedan en pié en distintos lugares
de la provincia y se respira en medio de un maravilloso
misterio que brota de inmensas paredes coloradas. El
trazado urbanístico fue la primera tarea que
tuvieron que enfrentar los jesuitas para comenzar la
construcción de las misiones. El actual patio
era, originariamente la Plaza de Armas, que estaba delimitada
por importantes edificios como el Cabildo y la Iglesia.
A sus alrededores se levantaban las viviendas de los
sacerdotes y aborígenes, los almacenes, los talleres,
el colegio, el cementerio y los hospitales. Tras la
expulsión de los jesuitas, los guaraníes
quedaron en el olvido, al igual que la ciudad. Recién
en 1939 el Estado argentino comenzó la recuperación
de las Ruinas que, en 1949, fueron declaradas Monumento
Histórico Nacional y, en 1986, fueron reconocidas
por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad.
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Maravilloso
corredor turístico
El
paseo se inicia en la ciudad de Paraná y continúa
en la localidad de Santa
Ana, donde se encuentran las ruinas del mismo nombre
que fueron fundadas en 1660. A pesar del constante avance
de la selva sobre lo que queda de las antiguas edificaciones,
aún hoy se pueden apreciar lo que fueron las
primeras y precarias viviendas, la iglesia y otras construcciones
levantadas por los lugareños en épocas
tan lejanas. A escasos 50 kilómetros está
la misión de Nuestra
Señora de Loreto, uno de los pueblos jesuíticos
más importantes por su producción de yerba
mate y lienzos. En pleno centro de la localidad de San
Ignacio, a 60 kilómetros de Posadas por la ruta
nacional 12, surgen las inigualables Ruinas de San Ignacio
de Miní, reducción jesuítica fundada
en 1610 por los Padres José Cataldino y Simón
Maceta, con sus gruesos muros de asperón rojo
que, aún hoy, se mantienen muy bien conservados.
En su época de esplendor, la misión contó
con 3300 habitantes que se mantenían en contacto
con el resto de las reducciones a través de las
aguas del río Paraná.
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Los
últimos destinos del corredor, en dirección
al río Uruguay, comprenden la localidad yerbatera
de San Javier, con su imponente cerro Monje, y más
al sur, Santa María, donde se encuentran las
ruinas de la Misión Santa María la Mayor,
reducción que estaba en plena etapa de construcción
cuando los jesuitas fueron expulsados en 1767
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