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| SANTA
CLARA, A UN PASO DEL CENTRO |
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La
mansión no escatima comodidades.
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En
Florencio Varela, un refugio exclusivo muy cerquita
de la ciudad y que, sin embargo, permite escapar por
completo de la agitada vida citadina. Aire libre y deportes.
Por Fernando Amato
La
tranquera abre paso a un camino que conduce hasta el
casco de la estancia, erigido allá por los años
20, de atractiva arquitectura normanda, cálidas
dependencias, y amplios ventanales. Rodeada por canteros
cubiertos de flores, y un cuidado parque que invita
a recorrerlo, la finca es un verdadero homenaje al tiempo
libre. Con una gran variedad forestal en las 12 hectáreas
del campo, incluye pinos, robles, cipreses calvos, eucaliptos,
araucarias y frutales, entre otros.
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Sobre uno de los extremos se extienden los sectores
deportivos, con canchas de fútbol, vóley
y tenis. Se juega también croquet y badminton.
Durante el verano, la pileta de natación está
a la orden del día. Son 18 metros de largo por
ocho de ancho, trampolín , solarium y reposeras,
bien aptos para esquivar el calor estival.
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El
alojamiento
En
Santa Clara se puede pernoctar en un chalecito adjunto
al casco, que cuenta con dos alas de entradas independientes
(en una hay dos habitaciones y en la otra una, ambas
con baño completo y cocina). También su
puede optar por acampar en una zona dotada de buena
arboleda, luz eléctrica, agua potable, sanitarios
y duchas con agua caliente. Dos quinchos con capacidad
para 200 comensales posibilitan degustar exquisitos
asados. Si la idea es traer la vianda o hacer el asadito
por cuenta propia existe la posibilidad de alquilar
miniparrilas, mesas y bancos (entre 0,50 y 1 peso la
unidad).
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La
fauna es otra de sus cualidades. Zorzales, calandrias,
garzas grises, búhos campanarios, amarillos,
horneros, cabecitas negras, carpinteros, churrinches,
chingolos, palomas de monte, tijeretas y muchas especies
más son personajes habituales. Para el atardecer,
aguarda una suculenta merienda con tostadas, dulces,
ronda de maté, té y café. Todo
un placer, mientras observámos un magnífico
atardecer donde los tonos verdes se mezclan con lo rojos.
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