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| LAS
GLICINAS, RELAX ENTRE ARBOLES CENTENARIOS |
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Paseos
a caballo durante la tarde, un clásico del lugar.
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En la localidad de Alsina, este predio ofrece todas
las actividades para pasar unos días de descanso
en contacto con la vida de campo. Debe su nombre a una
añeja glicina.
Por
Fernando Amato
En
el pintoresco pueblo de Alsina
hay que tomar la calle Moreno y luego la vieja ruta
que une a Baradero con Zárate. Allí, la
tranquera blanca y el cartel del establecimiento anuncian
la llegada a Las
Glicinas. El predio pertenece desde hace varias
generaciones a la familia Gastellú, inmigrante
vasco-francés que gestó, en 1854, firmes
objetivos de explotación agrícola y ganadera
en campos de notoria calidad y fertilidad.
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Campos
verdes
De entrada tienta echar una mirada a la excelente parquización
que, en unas cuatro hectáreas, esparce cuidados
espacios verdes y centenarios eucaliptos, cedros y ombúes.
Una magnolia de más de 150 años menea
su elegante porte al paso de una suave brisa. Merece
destacarse la añeja glicina que ha dado nombre
a la estancia. La finca
comenzó con la atención del turismo en
marzo del 2000, en sus 400 hectáreas donde se
cultiva maíz y soja, la cría de hacienda
y la producción tambera.
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El
casco principal data de 1870 y resalta su coqueta galería
tapizada de santa ritas que trepan y se esparcen con
llamativos colores. En su interior cuenta con cálidos
ambientes: cuatro dormitorios, confortable baño,
amplia cocina y sala de música. Después
está "El Rancho", la edificación
más antigua, de líneas sencillas y estructura
reciclada, compuesta por dos dormitorios y baño
privado. Finalmente, la Casa Chica, construida en 1920,
es un ex depósito de monturas convertido en confortable
morada con tres habitaciones, baño y cocina.
La finca cuenta con innumerables actividades
para pasar un fin de semana campestre.
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Comedor
campestre
Formando parte del parque hay una pileta de natación
y, a un costado, el quincho, reducto de suculentos asados.
Los almuerzos son un verdadero manjar, incluyendo chorizos,
morcillas, carnes y ensaladas varias. Con un cierre
imperdible: trocitos de naranja con crema, un clásico
del lugar. Aunque el asado es tradición de los
domingos, es usual variar los menúes en cada
estadía: pastas con distintas salsas, pescados,
puchero, pollo y otras exquisiteces de esta estancia
ideal para alejarnos de la rutina citadina.
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